Las tecnoadicciones y los indicios para detectar que mi hijo/a tiene un abuso o un problema de adicción

A raíz de la pandemia cada vez hay más adolescentes con problemas de adicción a las nuevas tecnologías y en ocasiones los padres/madres no identifican si su hijo/a tiene un problema de adicción. Entre las tecnoadicciones encontramos: Redes sociales, Juegos on-line, Apuestas/juegos de azar.

Hay diferencias entre uso, abuso y dependencia:

  • Uso no se detectan consecuencias inmediatas sobre el menor ni sobre su entorno.
  • Abuso se producen consecuencias negativas para el menor o su entorno.
  • Dependencia se prioriza el consumo de tecnología en este caso frente a otras conductas antes prioritarias.

Indicios que me indican que mi hijo/a ha pasado a un abuso o incluso a la dependencia que acarrea la propia adicción

  1. Pasa mucho tiempo conectado (más de 4 horas al día).
  2. Se aísla de amistades y familia.
  3. Os quita el móvil.
  4. Utiliza el móvil cuando está con sus amigos/as
  5. Se conectan de madrugada.
  6. Van a todos los sitios con el móvil.
  7. Siente malestar cuando no tiene el móvil.
  8. Baja el rendimiento escolar.
  9. Síntomas de cansancio, fatiga o agotamiento y nerviosismo.
  10. Problemas de conducta.
  11. Ansiedad

Si ves que tu hijo/a esta pasando de un abuso a una dependencia causándole un problema en sus diferentes áreas de vida es esencial que mantengáis una conversación fluida y calmada para que entienda la gravedad del problema.

Se deben evitar ciertos errores en la comunicación entre padres e hijos adolescentes:

  • Generalizar: “Tú siempre…”, “Tú nunca…”.
  • Uso de la crítica y el calificar negativamente:” No sabes hacer nada”, “Eres inconsciente”.
  • Gritar como arma: sin darse cuenta que son el modelo que los hijos/as tienen para crecer.
  • Pensar en otra cosa mientras nuestro hijo/a nos habla: nuestras preocupaciones del trabajo, de la casa, la hipoteca…

Consejos prácticos para una Comunicación efectiva:

  1. Escucha lo que dice tu hijo o hija, déjale terminar: Dejar que tu hijo/a hable, que diga lo que piensa o siente. Si lo interrumpes constante porque “ya sé lo que me va a decir, yo también he sido adolescente”, nunca sabrás cómo se siente.
  2. Tranquilidad ante todo ¡Controla tus impulsos!: Puede ocurrir que te cuente que ha hecho cosas que no te gustan. Evita los gritos y por supuesto las amenazas, no sirven para nada. Cuando estés más tranquilo habla con él y explícale qué es lo que no te ha gustado de su conducta.
  3. No juzgues: Si te dedicas a castigarle por su conducta de forma constante estás poniendo una barrera entre tu hijo/a y tú. Utiliza frases para que vea que tú no eres juez de nadie: “Ahora mismo estás muy enfadado/a y lo entiendo, pero si no me gritases sería mejor. Cuando te calmes podremos seguir hablando”.

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